













Este mes me compré más ropa que en los últimos dos años. Esta mañana la extendí toda en la cama y me la fui probando... la verdad es que verme con ropa nueva me gusta, siempre pienso "coño, qué buena estoy".
Este ataque de consumismo viene propiciado por haber recibido dinero fruto de mi trabajo como friegaplatos de feria, y de parte de mi familia (mañana es mi cumpleaños). Dejando a parte que mi novio me dejó (qué triste, pero ir de compras es un antidepresivo), también hay que tener en cuenta que el verano aumenta el deseo de estrenar y presumir y a veces hasta competir. Y además, me voy con dos amigas una semana de vacaciones. El asunto es playa, comer poco y beber mucho.
Llevo muchos días con atracones y quiero olvidarme de ellos por completo. A veces pienso que los necesito pero tendré que pasarme el día fuera de casa, con gente, y así demostrarme a mí misma que puedo vivir sin comer ese tipo de cosas que selecciono concienciudamente para estas monstruosas ingestas (y la monstruosa purga que viene en el pac).
Y es que, últimamente, me he vuelto más golosa que nunca, y me cuesta muchísimo negarme ante la tentativa de comer. Sé que estoy delgada (44'2) y no quiero adelgazar más (mentira, sé que no debo, pero quiero), pero no puedo ponerme a comer así, aún no. Quiero comer fruta y ensaladas, y pescado a la plancha, y judías cocidas, y leche desnatada... Pero siempre acabo comiendo otro tipo de cosas que mi estómago, o más bien mi cabeza, no es capaz de digerir.
Y nada, ahora, juerga. Es posible que tarde mucho en volver. Este verano va a ser memorable.




