Mostrando entradas con la etiqueta Hannah Murray. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Hannah Murray. Mostrar todas las entradas

viernes, 23 de julio de 2010

Viajero




De repente, un pensamiento sublime me poseyó. Si la distancia es infinita, yo soy inmortal. Debo intentarlo. Comencé el descenso, fatigosamente, fatigosamente a través de miles de kilos leguas y miles de años.

El comedor de hachís, Fitz Hugh Ludlow


martes, 18 de mayo de 2010

Femenina, delicada, admirable






En el hospital, al igual que en el resto del mundo, la bulimia se considera la pariente pobre de la anorexia, tanto en términos médicos como de admiración. Por supuesto la bulimia sucumbe ante las tentaciones de la carne, mientras que la anorexia es sagrada, pues implica la renuncia absoluta de la persona al mundo material. La bulimia hace referencia a los hedonistas tiempos romanos de placeres y festines, mientras que la anorexia recuerda a la era medieval de mortificación física y el ayuno voluntario. Lo cierto es que las bulímicas no suelen llevar el estigma santificado del cuerpo esquelético. La tortura que se infligen es privada, mucho más secreta y culpable que la manifestación visible de las anoréxicas, cuyos cuerpos escuálidos se admiran como epítome de la belleza femenina. Nada tiene de femenino, delicado y admirable meterte dos dedos en la garganta y vomitar.

Días perdidos, Marya Hornbacher



La verdad es que, pensando en esto, me da vergüenza admitir mi bulimia, y sin embargo ya no tengo ningún reparo en corroborar mi anorexia. Nada es tan simple, por supuesto, tengo un trastorno alimentario que no se puede etiquetar, algo imposible después de 8 años. No llevo 8 años vomitando, ni llevo 8 años comiendo como un pajarito ni ayunando. Todo se entremezcla para dar lugar a una situación en la que todo lo relacionado con la alimentación no tiene sentido. Las necesidades más primarias se han anulado: no sé comer, no quiero comer, no sé cuándo comer, no sé dónde comer.
Los últimos días se han centrado en buscar la alternativa al vómito. Después de rechazar inhibidores del apetito y laxantes para los que se necesita receta médica he optado por algo natural: las infusiones de cola de caballo. Algo natural pero muy molesto pues no las necesito, por lo que, al hacerme efecto, me duele un horror la barriga y, entre retortijones, no hago más que ir al baño.
Sí, una estupidez. Maldita mi cabeza. ¿Avanzo en mi recuperación? Sí, pero siempre tengo que dar un paso atrás y volver a hacer de las mías.


GRACIAS PSICO
La verdad es que tengo ganas de vivir. Incluso a veces hago planes de futuro, aunque sepa que son utópicos y que no vale de nada pensar en ello. Sé que aún me queda mucho. Y tu comentario me reafirma en eso.

lunes, 6 de julio de 2009

Cassie





















Estos días de verano están siendo relajantes y a veces incluso alegres. Mi mente ha dejado de pensar tanto, desde ayer estoy comiendo un poco más de lo que habitúo, aunque ayuné jueves, viernes y sábado porque me enfadé con mis padres y decía que comía sola.
Me paso la mañana durmiendo, la tarde viendo pelis y paseando un poco, y a la noche quedo con mi novio y mis amigos.

Las fotos son de Hannah Murray en su papel de Cassie (una chica anoréxica) en una serie inglesa que se llama Skins. Está bien, es entretenida, os la recomiendo.


Tengo un poco de miedo a que me descubran el blog, así que borré mis fotos de la entrada anterior, aunque no se me viera la cara quien me conoce podría saber que era yo.
Me habéis pedido que contara lo de la policía. En realidad dicho así parece algo muy grave pero tampoco fue para tanto, aunque sí fue un duro golpe. Unas amigas y yo, a los 14 años, empezamos a escaparnos de casa algunas noches y salíamos por ahí, bebíamos y fumábamos porros. Un día una de ellas y yo fuimos con un chico mucho mayor que nosotras a un bar nuevo. Por el camino nos sentamos en unas escaleras para fumar y justo en ese momento pasaron por allí dos policías y nos pillaron. Nos pidieron los datos y registraron al otro chico, que llevaba coca. Al día siguiente vinieron a casa y hablaron con mi madre. Los muy *******!! le dijeron que estabamos metiendo coca (y no, solo estábamos fumando). Dijeron que podría ser que nos llamaran a declarar a juicio, pero al final no pasó nada más porque al fin y al cabo, no había sido para tanto. Pero lo pasé muy mal, y fue la primera y única vez que vi a mi madre llorando: ¿cómo te quedas si te dice la policía que pillaron a tu hijo a las 5 de la mañana metiendo cocaína?
Pero bueno, ya pasó mucho tiempo, y está olvidado. Yo ya no fumo (aunque no veo nada malo en ello) y asenté la cabeza en ese aspecto.

Sin más que decir, besos, y muchas gracias.