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viernes, 14 de enero de 2011

Círculo



Parece que todo vuelve a su curso.
Esta semana no vomité nada. Para ello me pasé unos días comiendo bastante menos de lo que solía desde hacía meses, todo muy poco calórico. Con tanto atracón y vomitona ya me estaba alejando de esa relación sana con los alimentos que había logrado después de tanto tiempo, y además había engordado kilo y medio en muy poco tiempo. No me he pesado, pero me siento mucho más ligera después de esta semana depuradora.

Lunes: 173 kcal

Martes: 290
Miércoles: 252
Jueves: 400

Viernes: 410

Además de eso una media de dos litros de agua al día y alguna que otra infusión reguladora (que no laxante).


Fui a clase todos los días (y también estudié y entregué un trabajo que me aceptaron aunque estaba totalmente fuera de plazo).
Caminé dos horas diarias.
Me mantuve alejada de todas las drogas (legales e ilegales).

Me siento francamente bien. Aunque sigo un poco triste. A veces me siento sola. Siento que necesito a mi ex más que nunca. Sigue siendo la única persona en quien confío plenamente.

Lo que estoy es dando vueltas en círculo.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Una locura. Una auténtica locura.

Una locura. Una auténtica locura.
¿Habéis visto Miedo y asco en las Vegas? La habitación del hotel... cuando Raoul (el personaje de Johnny Depp) se despierta sin recordar nada...

(...) BORRADO por motivos de privacidad

Cuando llegó el bajón, porque el bajón siempre llega, eran las 12 de la mañana. Conseguí dormir en un metro cuadrado del sofá, y me desperté en el suelo, con la cabeza ardiendo al lado de la estufa. A ver quién coño cena ahora, a ver quién se sienta ante una mesa llena de comensales dispuestos a engullir como animales. A ver quién coño es capaz de comer algo. Nadie se acordaba de que esa noche todos teníamos que cumplir en la cena de Nochebuena.

Poco a poco la gente acabó yéndose. No dormí nada más. No comí nada. Limpié el piso. Llegué a casa como una rosa y ayudé a preparar todo. La comida llegaba y yo comía bocaditos que, sorprendente y felizmente no me costaba tragar. Pero de repente PLAS! Golpe en la cabeza. Todos los sentidos se nublaron. Dejé de escuchar nada real. Lo único existente en mi cabeza era un vacío que lo acaparaba todo. Escuchaba la Nada. Escuchaba el taladrar silencioso que mellaba mi cerebro.
Cuando eso pasó vino el ataque de ansiedad. Me levanté corriendo y me metí en el baño. Me mojé nuca y frente y la cabeza pareció despejarse un poco. Me examiné la nariz pero no había restos de sangre. Las pupilas estaban como platos y mi cara era un mapa, un mapa en blanco con franjas negras azabache rodeando los gigantescos globos oculares.
Ataque de pánico. Mamá me encuentro mal. Es que no dormí nada ayer y casi no comí. Me está viniendo otra vez la ansiedad. Me pasé todo lo que quedaba de cena yendo y viniendo a la mesa, porque era incapaz de quedarme quieta. Llamé al psicólogo pero no me cogió. Lo único que pasabn por mi mente eran imágenes de la noche y de la mañana. Una locura, una auténtica locura. Totalmente surrealista.
Y al fin... Bendito TRANKIMAZIN. Bendito mi hermano y sus problemas psiquiátricos y su neceser lleno de enmascaradores de problemas. Ni siquiera estoy segura de que fuera Trankimazin, al menos no el habitual. Era una pastilla que se disuleve bajo la lengua sin necesidad de beber nada: un espléndido sedante que me dio la vida.

Me senté. Comí un trozo de piña. Bostecé. Sonreí.

FELIZ NAVIDAD

miércoles, 15 de diciembre de 2010

Choose life








Me siento un poco mal por no haber dado noticias de mí en todo este tiempo.
Ni siquiera he visto mi blog desde la última vez.

La razón no es otra más que mi proceso de recuperación. En estos meses me he sentido más fuerte que nunca. Sí que de vez en cuando evito comer e incluso he vomitado alguna que otra vez pero, ahora mismo, ya no recuerdo cuando ha sido la última.
He engordado y no me siento mal. Por supuesto que LA CIFRA deseada siempre es menor. Y sin embargo sé que tengo que aprovechar la situaciósn psicológica actual: me miro a un espejo y me veo bien. ¿Cuándo he sentido yo algo así?

El chico del que hablé en las entradas anteriores sigue ahí... Aunque por mi cama han pasado unos cuantos. Lo cierto es que echo de menos a mi ex, y no sé si es que intento suplir esa falta con relaciones de dos días (o una simple noche de sexo). Pero aquel, el de la noche perfecta de agosto me gusta de verdad, y es maravilloso volver a sentir una ilusión de este tipo.

También alcohol y drogas difuminan mis salidas nocturnas. No creo que sea un problema, ni que pueda llegar a serlo. No a estas alturas.

Ahora quiero ponerme un poco al día de vuestras vidas. Pero sé que leer algún tipo de entradas me influye de forma negativa, sabéis a qué me refiero. Siempre pasa: todas queremos ser las más delgadas, todas queremos pesar menos. Leer que alguien se ha comido en todo el día una manzana va a hacer que me sienta mal por haberme comido una rodaja de merluza con patatas cocidas.

Gracias por preocuparos por mí. Sabed que estoy bien, creo que mejor que nunca.

martes, 7 de septiembre de 2010

Fireworks


Volvimos a vernos.
Estuvimos a punto de marcharnos a Portugal. ¿Cuánto tiempo? No lo sé. Sólo irnos.
Cogió el coche y acabamos al sur, antes de la frontera, en una torre. Vimos amanecer mientras nos reíamos, como es propio de los borrachos.
Mantuvimos sexo mientras, abajo, el valle se cubría de niebla.
Pero volvimos a casa. Yo cantaba y bailaba y él no dejaba de besarme.

sábado, 17 de julio de 2010

Sommerferien


Me parece imposible haber podido dormir sin beber ni una gota de alcohol ni recurrir a los somníferos. Y qué reconfortante. Despertarte de resaca, con la boca seca y con dolor de cabeza no es lo ideal, y mucho menos despertarte después de haber dormido gracias a una pastilla, porque tienes la sensación de que te han dado una paliza.

Estuve saliendo desde el día 2 de este mes y sólo descansé tres días: el 6, el 13 y el 14. Los primeros aquí, de los que no hay mucho que destacar. Los otros de vacaciones en Baleares. De ese viaje puedo quedarme con un par de cosas: mi amor de verano de dos días, un chico estupendo de Hamburgo; y las discusiones con las dos amigas con las que fui, más la evidente determinación de no repetir un viaje con ellas.
Allá conocí a un montón de gente, en su gran mayoría alemanes. Tengo la sensación de haber estado en Alemania, todo estaba escrito en alemán, todos se dirigían a ti en alemán y tenías que explicarles que eras española. Socialicé como nunca, y sin ningún problema porque se me da bastante bien el inglés (y yo no lo sabía). El día que conocimos al grupito donde estaba Vincent fue el mejor día en mucho tiempo. Estando con ellos, y especialmente con él, no recordé ni por un segundo a mi ex. Fueron dos días perfectos, y él me parecía perfecto. Tanto en las discotecas, como en la playa, como en la habitación del hotel.
Pero mis amigas lo único que querían era ir a macrodiscotecas tipo Pachá que son carísimas y que odio. Entiendo que les guste, y de hecho salimos dos días así (a Pachá no fuimos), me adapté a sus gustos, pero ¿no podrían ellas adaptarse a los míos otro par de días? Lo hizo una (y se lo pasó genial) pero la otra se quedó en el hotel durmiendo.Todo tiene que ir según sus planes y según lo que le apetezca en el momento. De ahí las discusiones, porque no estoy dispuesta a pasar todas esas cosas por alto. Antes lo hacía, pero ya soy lo suficientemente mayorcita como para que me toreen como lo hicieron, o como trataron de hacerlo.
Lo peor eran las comidas: teníamos bufé libre y yo siempre cogía ensalada, pescado, pollo... lo típico, cosas sin grasa. Una de ellas no me decía nada, pero la otra, acostumbrada a comer mierda (siempre siempre hamburguesas, pizza, pasta, patatas fritas con ketchup...) no hacía más que repetirme que estoy delgadísima y que tenía que comer cosas con grasa. Como soy una estúpida y no me gusta discutir opté por la vía fácil: comer para evitar esos comentarios y después ir a vomitar. No lo hice todos los días, pero sí la mayoría. Por supuesto, se acabaron dando cuenta. Me alegro, y ojalá lo hubieran sabido antes. Ya todos mis amigos (o la inmensa mayoría) saben que estoy enferma y es de agradecer que ya no hagan comentarios sobre mi aspecto o sobre lo que como.

En conclusión y a pesar de las cosas malas, fue un viaje para recordar.

Hoy me veía tan sumamente delgada que fui a pesarme a una farmacia: 43'7. Estoy asustada. Nunca había bajado de 44 y quiero volver a pesar al menos 45. Cuando dentro de dos semanas me pesen corro el peligro de ser ingresada. Había conseguido llegar a los 47 y ahora peso cuatro kilos menos. No sé qué hacer. Lo intento con todas mis fuerzas pero soy incapaz de engordar, y lo que es peor, he dejado de mantenerme y sigo bajando. Y muy hondo sonrío y me felicito por haber conseguido llegar tan lejos.

Espero que estéis disfrutando de vuestras vacaciones.


domingo, 30 de mayo de 2010

Menos, otra vez.

(Mentiras en cursiva)

ENDOCRINO: ¿Qué tal, Ana?
YO: Bien.
E: ¿Comemos con normalidad?
Y: .
E: ¿Has vomitado?
Y: No.
Me pesa: 44'9.
E: Has bajado. ¿Seguro que estás comiendo bien?
Y: Sí, sí, igual que siempre.



Me siento observada cuando como. Me sirvo patatas pero las dejo. Escondo trozos de carne en la servilleta. Cuando como con mis abuelos aterrizan en mi plato rodajas de chorizo. Se las paso a mi cómplice, mi madre. Por las tardes me preparo con un cariño y una calma espectaculares macedonias coloridas. Soy feliz al comerlas. Hay otros días en que me ataca la ansiedad y como. Una galleta. Un trozo de queso. Luego otra galleta. Cereales. No puede ser. Si sigo así me daré un atracón. Voy al baño a vomitar. Pienso: Ahora llegará alguien y no escucharé la puerta, me pillará así. No, seguro que alguna de ellas está escondida en su habitación para ponerme a prueba por si vomito cuando estoy sola. ¿O habrán puesto alguna cámara en el baño?



Sin querer me di cuenta de que estaba intentando adelgazar y ya no mantenerme, como estos últimos meses. Y así fue. ¿Cómo hago para no bajar cuando mi subconsciente es lo que quiere y hará todo lo posible para conseguirlo? No importa que me digan que estoy demasiado delgada, no importa que los vestidos de verano me cuelguen como una sábana mal medida, no importa que los pantalones de otros años dejen constancia de que mi culo está desapareciendo. Dudo al escribir esto último, sigo viendo mi culo como un globo inmenso.

domingo, 9 de mayo de 2010

Death




(de Goran Bregovic, para El sueño de Arizona)
Me encanta esta canción, sobre todo la parte final... (minuto 2:40 por si hay prisa)

La muerte sólo tiene importancia en la medida en que nos hace reflexionar sobre el valor de la vida.
André Malraux

La muerte es el remedio de todos los males; pero no debemos echar mano de éste hasta última hora.
Molière

Lo que pensamos de la muerte sólo tiene importancia por lo que la muerte nos hace pensar de la vida.
Charles de Gaulle


He tenido épocas en las que pensé mucho en la muerte.

Hace dos años, cuando me estaba quedando dormida, me quedaba sin respiración, se me aceleraba el corazón y sentía un mareo tan fuerte que creía que me iba a desmayar. Esto pasaba absolutamente todas las noches, tenía un miedo horrible a quedarme dormida porque creía que iba a morir. No podía aceptarlo, muchas veces llamaba a alguien. Me producía pavor dormir sola.

De temer a la muerte, pasé a desearla. Fantaseaba con mi suicidio. Después me imaginaba el momento en que me encontraban y si no lo hice fue por mis padres.
Pero hubo un día en que la histeria pudo con la razón: llevaba horas corriendo por la calle bajo la lluvia, gritando y golpeándome la cabeza contra las paredes de los edificios. Cuando llegué a casa no podía dejar de llorar. Sentía tan profunda tristeza y desesperación que, aunque no lo recuerdo, no me extrañaría saber que esbocé una sonrisa al ver aquella cajita de pastillas sobre la estantería. Era la salida, mi salvación: las pastillas de mi hermano... dos dosis diarias como mucho (mi hermano tomaba media). La abrí. Sólo había siete. No funcionaría. Tenía que funcionar. Me las tomé y me acosté.
No recuerdo cuándo me despertaron, ni cómo fue. Mi madre vino a la habitación como muchas mañanas. Eran las 3 y quería que fuera a comer. Le dije que no. Volvió a despertarme unas horas más tarde y me dijo que me levantara porque me tenía que ir a Santiago. Me incorporé y sentí una sacudida salvaje, como si me hubiesen golpeado la cabeza. Volví a acostarme. Después de unos minutos reuní fuerzas para alzarme, pero me caí al suelo. Fui arrastrándome hasta la puerta y apoyada en la pared me levanté y conseguí llegar al baño. No escuchaba nada, solo un pitido en los oídos. Metí la cabeza en la bañera y me mojé la cabeza. Mi madre me llamaba y yo no era capaz de hablar. Creyó que me encontraba mal por culpa del chaparrón de la noche anterior. Me ayudó a vestirme y me llevaron al coche. Fui durmiendo. En el piso dormí durante tres días seguidos, despertándome de vez en cuando, pero sin levantarme. Cuando por fin me puse en pie estaba muy débil. No era capaz de tragar nada sólido, así que pasé 5 días a base de agua, zumo y yogures. No recuerdo cuánto adelgacé, pero esta fue la última recaída. A partir de aquí revivió el deseo de bajar de peso. Tuve otros síntomas durante unos días, como el de bostezar cada dos minutos (no exagero) sintiendo al hacerlo un hormigueo muy molesto en el cráneo, o el de temblar como si tuviera párkinson.

Ya no deseo la muerte. Pero tampoco la temo. A veces tengo ganas de vivir, pero otras me limito a esperar a que pase algo. Ver pasar los días. Sin embargo tengo guardados los antidepresivos y ansiolíticos que tomaba antes. No son siete pastillas, son muchas más. Las tengo y me siento segura, porque sé que si algún día no aguanto más, podré echar mano de ellas. No tengo pensado tomarlas, pero no puedo deshacerme de ellas.
Sé que está mal pensar así, pero no puedo evitarlo. No quiero volver a sufrir tanto. De todas formas las cosas están yendo bien.

sábado, 24 de abril de 2010

Sigo aquí











Siento muchísimo no haberme pasado por aquí... Sobre todo al llegar y ver la de comentarios preguntando por mi paradero. Estoy bien, mucho mejor que antes, de verdad. Creo que necesitaba desconectar durante un tiempo y olvidarme en parte de mi faceta para joder mi propia vida... y bueno, de eso trata mi blog. De todas formas se está convirtiendo en el diario de una recuperación.

Por otra parte ya tenía ganas de hablar sobre los cambios que se están produciendo, muy lentamente, en mi vida.
Volví a vomitar, en cuanto bajan la guardia, lo hago. De todas formas la guardia es bajada en muy contadas ocasiones. Sí, sé que no debo hacerlo, pero ¿qué? En cuanto veo que estoy sola, que no hay nadie que desconfíe de mí en cuanto me levanto y me dirijo al baño, lo hago. Aunque me haya comido cuatro guisantes.
Pero esos son días muy esporádicos: por lo general voy comiendo bastante bien, cada vez consigo servirme raciones más grandes (menos pequeñas) y comérmelo todo. Incluso he empezado a introducir alimentos "prohibidos" en mi dieta. ¡Qué explosión de sabores en el paladar! Es extraño experimentar el recuerdo de un sabor olvidado en lo más hondo del cerebro como si fuese la primera vez que se prueba. El otro día comí spaghetti a la carbonara (OH, BÊTISE!). La verdad es que comí cuatro fideos con champiñones y bacon (otro de la lista negra) pero... me sentí como un niño con su primer helado.
Lo mejor de todo es que estoy más sana que nunca. Los últimos análisis dicen que no tengo falta de nada, es más, ni siquiera estoy en los mínimos. Eso se debe a las grandes cantidades de fruta (también verduras y legumbres) que me meto, y no me refiero a atracones, sino a que por fin cumplo con lo que aconsejan (lo de 5 piezas de futa diarias, etc). Nunca nunca paso hambre: en cuanto las tripas piden sustento le proporciono una rica manzana, sea la hora que sea. Por supuesto, se callan hasta la cena. Mucho mejor esto que escucharlas continuamente y aguantar su murmullo hasta no poder más y meterme un atracón...
Aún así he tenido unas semanas bastante malas ahí atrás. A veces no podía comer. Simplemente eso, no podía. Las judías me miraban desde el plato y yo las pinchaba con el tenedor, pero después mi sistema nervioso se saturaba: la mano no conseguía llevar el cubierto a la boca. Acto seguido llegaban las ganas de tirar el plato contra la pared. Nunca lo hice. En lugar de eso salía corriendo a la calle, a llorar como una descosida y a calmarme con tabaco. Esto no pasó muchas veces, aunque las suficientes como para que me planteara mandarlo todo a la mierda y continuar con mi autodestrucción.
Pero llegó el calor y mis ánimos ascendieron a la vez que la temperatura. ¡No recordaba qué era esto de NO tener frío! Aunque, siendo sincera, me da vergüenza que me vean con ropa de verano... No por gorda, no. Todo lo contrario, se me notan los huesos hasta donde no los hay. Curioso que me dé cuenta ahora, cuando llevo así más de un año.
Por cierto, peso 45'7 kilos. Y quiero llegar a los 46. Lo que no sé es si quiero subir más...


Me siento muy querida cuando llego aquí. Muchas gracias por vuestra preocupación, y perdón por no dar ninguna explicación hasta hoy.

No tengo mucho tiempo, pero mañana pasaré por todos los blogs que pueda

viernes, 19 de febrero de 2010

Wake up, honey






Engordar y sacar la cabeza del retrete fue el acto más político que he realizado en mi vida.

Abra Fortune Chernik


El gran bajón comienza a tomar posiciones. Empieza como de costumbre, con una ligera náusea en el fondo del estómago y un ataque de pánico irracional. En cuanto noto que se me apoderan las ganas de vomitar, se desplaza sin esfuerzo alguno de lo incómodo hasta lo insoportable. Un dolor de muelas empieza a extenderse desde los dientes hasta las mandíbulas y las cuencas de los ojos, y atraviesa mis huesos con un palpitar miserable, implacable y debilitante. Los viejos sudores acuden puntualmente, y no olvidemos los escalofríos, cubriéndome la espalda como una fina capa de escarcha otoñal sobre el techo de un coche. Es el momento de actuar.

Trainspotting, Irvine Welsh



Llevo dos semanas sin saltarme ninguna comida y sin vomitar. Siento que al fin estoy caminando hacia algún sitio. Aún no he engordado nada, pero al menos sé que es necesario para mi recuperación, aunque por ahora lo importante es normalizar mi relación con la comida. Cumplo unos horarios extrictos y no como nada entre horas. Me sirvo lo que quiero, pero siempre superando un mínimo. Nadie me agobia, pero sigo sintiéndome muy incomprendida. Creo que empieza una nueva etapa en mi vida, muy dulce y tranquila, fuera del caos en el que he estado sumergida la mitad de mi vida, un cóctel de cero calorías hecho con drogas, alcohol y pensamientos encontrados.

Ojalá podáis hacer lo mismo.

sábado, 13 de febrero de 2010

El secreto a voces






Ya está. Por fín las cosas se han hablado con sinceridad. Por fín ya no hay secretos, nada que esconder, razones para finjir. Mis padres ya lo saben. Tengo un trastorno alimenticio, y me lo están tratando, como raciones minúsculas y a veces vomito. Todo ha ido perfecto, mejor de lo que me esperaba. Me he quitado un peso de encima y me siento muy feliz y tranquila.

Martes.
Cuando llegué al piso vi que alguien había entrado en mi habitación y había removido mis cosas. Mis tés e infusiones no estaban dispuestos de esa manera antes, y la caja del jarabe estaba abierta. Cuando me fui para el salón U evitaba hablarme. Pensé que quizás había encontrado mi "libreta-diario", donde escribo sobre mis emociones, positivas y negativas, mis lloros y alegrías, la vida, el dolor y el suicidio. ¿Cree que pienso en matarme?

Miércoles.
Me equivocaba, nadie leyó mi libreta.
U está de pie, frente a mí, a mi lado T y a continuación D. Mis tres compañeras de piso. Quieren darme un ultimatum. No puedo seguir así.
- Pesas 40 kilos. ¿No te das cuenta? Antes eras guapísima.
- No sé de dónde sacaste eso, peso 45.
...
- Como si te tengo que hacer una comida especial cada día, tú no vuelves a vomitar. Y si hace falta, les quitamos los cerrojos a las puertas.
- U, no exageres- dice D.
- Vale, cada vez que vaya al baño dejo la puerta abierta- propongo.
...
- Qué diferencia de la Ana de hace dos años a la Ana de ahora. Siempre encerrada en tu cuarto, triste, con esa cara pálida y las ojeras...- recuerda T. Sinceramente, la adoro.
No puedo soportarlo y lloro.
- Y tus padres van a saberlo- U ejerce el papel de dura, pero es la que está más preocupada por mí-. Si no se lo dices tú, se lo diré yo.

Jueves.
Como poco, con ellas, pero no vomito. Hablamos durante rato en la sobremesa. Viene X (mi novio) y se toma un té. Me siento querida. Lo hacen por mi bien.

Viernes.
- ¿Te apetece que asemos unos chorizos y que friamos unos huevos?
- No, mamá. Tenemos que hablar.
Le explico todo. Y después a mi padre. Me entienden. No pasa nada. "¿Por qué no nos lo dijiste antes?", "No quería haceros daño." Ellos cenan calamares, chorizo y sardinas; yo aguacate, huevo cocido y queso. Hemos hecho un trato. Lo más importante es que no vomite, así que comeré cosas sanas y la cantidad que quiera. Lo que no puedo hacer tampoco es saltarme alguna comida.

Siento que esto será positivo. Me siento muy unida a mis padres, a mis amigas y a mi novio, más que nunca. Vuelvo a tener esperanza.
Lo único malo de este episodio es que, para vencer la ansiedad, fumo como una carretilla.

sábado, 6 de febrero de 2010

Recto, no hay pérdida










Por fin voy dando pasos sobre suelo firme.
Por fin veo que avanzo en este largo camino.
La gran bola parece que empieza a deshacerse de algunas partículas, que se desprenden para no volver jamás.
La relación que tengo con la comida sigue siendo inadecuada, pero aún así he normalizado la comida del mediodía. Algo es algo. Los resultados no son visibles, pues sigo sin engordar. Es curioso ver como cuando quieres adelgazar cuesta, pero cuando decides dejar de hacerlo, curarte, volver a estar sana, cuesta aún más. Algo que antes nos sería del todo fácil.
Mi psiquiatra cree que lo más importante, lo que hay que erradicar es la depresión, que está camuflada por el antidepresivo y por el problema alimenticio. Sin embargo, mi psicólogo cree que la depresión es consecuencia del trastorno de alimentación y de todo lo que eso conlleva, como el bajo peso.
Yo no sé que pensar. Sólo sé que estoy harta de llorar por nada, de sentirme hecha pedazos, de no comer o vomitar, de sentirme inferior a todos, cuando no lo soy.

También es realmente sorpredente cómo podemos distorsionar nuestra propia realidad. En la consulta del psicólogo entró otra chica antes que yo. Después, cuando ya estaba yo dentro hablando con él, me preguntó:
- ¿Te fijaste en la chica que entró antes que tú?
- Sí.
- ¿Te pareció gorda, delgada...?
- Delgada, muy delgada.
- ¿Más que tú?
- Sí.
- Le pregunté lo mismo a ella y me respondió exactamente eso. Pero al revés.
Para ella yo estoy más delgada, para mí es ella la que lo está.
- Y las dos estáis en bajo peso, más o menos igual.


Por cierto, algunos me lo preguntaron, el texto en cursiva del otro día lo escribí yo, no fue sacado de ningún lado (no era de Kate Moss). Siempre pongo el autor de cualquier fragmento que no sea mío.

Un beso enorme, mis musas.

domingo, 24 de enero de 2010

à vie















Eres una actriz. Las cosas no van bien, de hecho van muy mal. Estabas leyendo un libro sobre anorexia y bulimia y de repente te das cuenta de que algo de eso te pasa a ti. Sí, porque tú haces muchas de esas cosas. Porque hablas con tus padres mientras cenáis en la cocina del piso en el que vivís temporalmente y “todo marcha bien”. Incluso comentas lo bien que sabe la comida. Pero después anuncias que te vas a duchar, y mientras el agua corre, porque hay que esperar a que esté caliente, vomitas la maravillosa cena que os preparó tu madre. Y al día siguiente es sábado y no hay clase. No desayunas, viertes la leche en el fregadero. Mientras tu madre pasa la aspiradora tú te encierras en el baño y metes coca. Es primavera del 2004 y tienes 14 años.


No recuerdo cómo empezó todo. Supongo que la culpa la tuvo la pubertad y todos los cambios físicos y psíquicos que trae consigo. La culpa la tuvo mi madre por darme sus genes y con ellos la cintura fina, el vientre plano, la cadera ancha y los muslos robustos. La culpa la tuve yo por no pedir ayuda cuando estaba a tiempo, todo habría sido mucho más fácil. La culpa la tuvieron todos los que me rodeaban porque no supieron ver que tenía un problema. La culpa la tuvieron mis malas compañías. La culpa la tuvieron los medios y sus mensajes subliminales DELGADEZ=ÉXITO.

Aunque nunca es tarde para hacer que todo vaya bien. Hoy no hace frío ni llueve. Es un día pre-primaveral, de esos con cielo azul y nuves blancas. Y me siento bien. A pesar de que tengo faringitis (¿culpa del frío, la lluvia o de mis dedos?) estoy bastante animada y activa. Al fin y al cabo lo tengo todo: soy joven, inteligente y guapa (¡viva la modestia! pero así me siento).