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sábado, 7 de agosto de 2010

Caótico
























Me siento gorda.
Gorda.
No sé por qué me siento gorda. Hoy tuve que vomitar aquel plato de acelgas cocidas.
Acelgas.

30 calorías.


Mierda. ¿Lo hago bien? Cuando tenía las cosas claras era más fácil. Pesaba 54 kilos y quería adelgazar 10. Adelgazaba. Todo bien. Cada vez me iba sintiendo peor. Llegar a mi meta fue abrazar la depresión, el insomnio, la asexualidad, la irritabilidad, la ansiedad y la desnutrición. Decidir curarme fue una luz. Decírselo a toda mi gente fue salir del pozo. Pero, ¿ahora toca engordar? No he decidido engordar. Pero tampoco he decidido no hacerlo... No tener las cosas claras me mata. Porque no sé qué hacer. Me siento mal si como poco. Me siento mal si como más (y vomito). Y lo peor de todo es que vuelven a confiar en mí y no me vigilan. ¿No entienden que no se puede confiar en mí? En cuanto puedo, miento. Finjo. Engaño. Creen cuando me ven comer una galleta que estoy mejorando. No, no mejoro tan rápido. Si como una galleta significa que acabará en el retrete. Enseguida. Pero si ellos no lo ven yo no voy a decir nada. No es factible, me resulta imposible. Tendré que hacer ruido cuando vomite, porque yo no voy a decir nada y así no puedo seguir. Tienen que pillarme.

Aparte de ese tema que me come la cabeza, también tengo otros líos sanos en ella. Me hace gracia sentir estas cosas depués de tanto tiempo... Me siento una adolescente.
Ahora estamos en el pueblo de mi abuela (no tengo acceso a internet, hoy es una excepción).

Me gusta un chico.
Me gusta un chico que tiene novia.
Ella es una cría.
Fea.
Y a ese chico siempre le gusté. Nunca le hice caso. Y ahora tiene novia.
Una novia fea.
Yo era la que le gustaba.

Soy una caprichosa.

sábado, 17 de julio de 2010

Sommerferien


Me parece imposible haber podido dormir sin beber ni una gota de alcohol ni recurrir a los somníferos. Y qué reconfortante. Despertarte de resaca, con la boca seca y con dolor de cabeza no es lo ideal, y mucho menos despertarte después de haber dormido gracias a una pastilla, porque tienes la sensación de que te han dado una paliza.

Estuve saliendo desde el día 2 de este mes y sólo descansé tres días: el 6, el 13 y el 14. Los primeros aquí, de los que no hay mucho que destacar. Los otros de vacaciones en Baleares. De ese viaje puedo quedarme con un par de cosas: mi amor de verano de dos días, un chico estupendo de Hamburgo; y las discusiones con las dos amigas con las que fui, más la evidente determinación de no repetir un viaje con ellas.
Allá conocí a un montón de gente, en su gran mayoría alemanes. Tengo la sensación de haber estado en Alemania, todo estaba escrito en alemán, todos se dirigían a ti en alemán y tenías que explicarles que eras española. Socialicé como nunca, y sin ningún problema porque se me da bastante bien el inglés (y yo no lo sabía). El día que conocimos al grupito donde estaba Vincent fue el mejor día en mucho tiempo. Estando con ellos, y especialmente con él, no recordé ni por un segundo a mi ex. Fueron dos días perfectos, y él me parecía perfecto. Tanto en las discotecas, como en la playa, como en la habitación del hotel.
Pero mis amigas lo único que querían era ir a macrodiscotecas tipo Pachá que son carísimas y que odio. Entiendo que les guste, y de hecho salimos dos días así (a Pachá no fuimos), me adapté a sus gustos, pero ¿no podrían ellas adaptarse a los míos otro par de días? Lo hizo una (y se lo pasó genial) pero la otra se quedó en el hotel durmiendo.Todo tiene que ir según sus planes y según lo que le apetezca en el momento. De ahí las discusiones, porque no estoy dispuesta a pasar todas esas cosas por alto. Antes lo hacía, pero ya soy lo suficientemente mayorcita como para que me toreen como lo hicieron, o como trataron de hacerlo.
Lo peor eran las comidas: teníamos bufé libre y yo siempre cogía ensalada, pescado, pollo... lo típico, cosas sin grasa. Una de ellas no me decía nada, pero la otra, acostumbrada a comer mierda (siempre siempre hamburguesas, pizza, pasta, patatas fritas con ketchup...) no hacía más que repetirme que estoy delgadísima y que tenía que comer cosas con grasa. Como soy una estúpida y no me gusta discutir opté por la vía fácil: comer para evitar esos comentarios y después ir a vomitar. No lo hice todos los días, pero sí la mayoría. Por supuesto, se acabaron dando cuenta. Me alegro, y ojalá lo hubieran sabido antes. Ya todos mis amigos (o la inmensa mayoría) saben que estoy enferma y es de agradecer que ya no hagan comentarios sobre mi aspecto o sobre lo que como.

En conclusión y a pesar de las cosas malas, fue un viaje para recordar.

Hoy me veía tan sumamente delgada que fui a pesarme a una farmacia: 43'7. Estoy asustada. Nunca había bajado de 44 y quiero volver a pesar al menos 45. Cuando dentro de dos semanas me pesen corro el peligro de ser ingresada. Había conseguido llegar a los 47 y ahora peso cuatro kilos menos. No sé qué hacer. Lo intento con todas mis fuerzas pero soy incapaz de engordar, y lo que es peor, he dejado de mantenerme y sigo bajando. Y muy hondo sonrío y me felicito por haber conseguido llegar tan lejos.

Espero que estéis disfrutando de vuestras vacaciones.


domingo, 30 de mayo de 2010

Menos, otra vez.

(Mentiras en cursiva)

ENDOCRINO: ¿Qué tal, Ana?
YO: Bien.
E: ¿Comemos con normalidad?
Y: .
E: ¿Has vomitado?
Y: No.
Me pesa: 44'9.
E: Has bajado. ¿Seguro que estás comiendo bien?
Y: Sí, sí, igual que siempre.



Me siento observada cuando como. Me sirvo patatas pero las dejo. Escondo trozos de carne en la servilleta. Cuando como con mis abuelos aterrizan en mi plato rodajas de chorizo. Se las paso a mi cómplice, mi madre. Por las tardes me preparo con un cariño y una calma espectaculares macedonias coloridas. Soy feliz al comerlas. Hay otros días en que me ataca la ansiedad y como. Una galleta. Un trozo de queso. Luego otra galleta. Cereales. No puede ser. Si sigo así me daré un atracón. Voy al baño a vomitar. Pienso: Ahora llegará alguien y no escucharé la puerta, me pillará así. No, seguro que alguna de ellas está escondida en su habitación para ponerme a prueba por si vomito cuando estoy sola. ¿O habrán puesto alguna cámara en el baño?



Sin querer me di cuenta de que estaba intentando adelgazar y ya no mantenerme, como estos últimos meses. Y así fue. ¿Cómo hago para no bajar cuando mi subconsciente es lo que quiere y hará todo lo posible para conseguirlo? No importa que me digan que estoy demasiado delgada, no importa que los vestidos de verano me cuelguen como una sábana mal medida, no importa que los pantalones de otros años dejen constancia de que mi culo está desapareciendo. Dudo al escribir esto último, sigo viendo mi culo como un globo inmenso.

sábado, 13 de febrero de 2010

El secreto a voces






Ya está. Por fín las cosas se han hablado con sinceridad. Por fín ya no hay secretos, nada que esconder, razones para finjir. Mis padres ya lo saben. Tengo un trastorno alimenticio, y me lo están tratando, como raciones minúsculas y a veces vomito. Todo ha ido perfecto, mejor de lo que me esperaba. Me he quitado un peso de encima y me siento muy feliz y tranquila.

Martes.
Cuando llegué al piso vi que alguien había entrado en mi habitación y había removido mis cosas. Mis tés e infusiones no estaban dispuestos de esa manera antes, y la caja del jarabe estaba abierta. Cuando me fui para el salón U evitaba hablarme. Pensé que quizás había encontrado mi "libreta-diario", donde escribo sobre mis emociones, positivas y negativas, mis lloros y alegrías, la vida, el dolor y el suicidio. ¿Cree que pienso en matarme?

Miércoles.
Me equivocaba, nadie leyó mi libreta.
U está de pie, frente a mí, a mi lado T y a continuación D. Mis tres compañeras de piso. Quieren darme un ultimatum. No puedo seguir así.
- Pesas 40 kilos. ¿No te das cuenta? Antes eras guapísima.
- No sé de dónde sacaste eso, peso 45.
...
- Como si te tengo que hacer una comida especial cada día, tú no vuelves a vomitar. Y si hace falta, les quitamos los cerrojos a las puertas.
- U, no exageres- dice D.
- Vale, cada vez que vaya al baño dejo la puerta abierta- propongo.
...
- Qué diferencia de la Ana de hace dos años a la Ana de ahora. Siempre encerrada en tu cuarto, triste, con esa cara pálida y las ojeras...- recuerda T. Sinceramente, la adoro.
No puedo soportarlo y lloro.
- Y tus padres van a saberlo- U ejerce el papel de dura, pero es la que está más preocupada por mí-. Si no se lo dices tú, se lo diré yo.

Jueves.
Como poco, con ellas, pero no vomito. Hablamos durante rato en la sobremesa. Viene X (mi novio) y se toma un té. Me siento querida. Lo hacen por mi bien.

Viernes.
- ¿Te apetece que asemos unos chorizos y que friamos unos huevos?
- No, mamá. Tenemos que hablar.
Le explico todo. Y después a mi padre. Me entienden. No pasa nada. "¿Por qué no nos lo dijiste antes?", "No quería haceros daño." Ellos cenan calamares, chorizo y sardinas; yo aguacate, huevo cocido y queso. Hemos hecho un trato. Lo más importante es que no vomite, así que comeré cosas sanas y la cantidad que quiera. Lo que no puedo hacer tampoco es saltarme alguna comida.

Siento que esto será positivo. Me siento muy unida a mis padres, a mis amigas y a mi novio, más que nunca. Vuelvo a tener esperanza.
Lo único malo de este episodio es que, para vencer la ansiedad, fumo como una carretilla.

lunes, 24 de agosto de 2009

Guapa (delgada)











La gente es una hipócrita.
He estado dos semanas en el pueblo de mi abuela, y he visto a gente que hacía un año que no veía. Hace un año rondaba los 55, casi diez kilos más que ahora.
La primera persona que vi es una mujer de 69 años. Me preguntó por la carrera y me dijo que era muy guapa.
Los siguienetes fueron una señora de 64, una mujer de 40 y un chico de 15. Me preguntaron qué tal me iba en todos los aspectos, y dijeron que estaba muy guapa.
Después vi a una mujer de 48 que me dijo: "¡Dios mío, Ana, cómo has adelgazado! El año pasado no estabas gorda, porque tú siempre fuiste delgada, pero este año estás mucho más." Y sin embargo me dijo que era muy guapa...
Luego vi a mis amigos, todos chicos, de 18 a 20 años. Uno de ellos me dijo: "Estás muy delgada. El año pasado no estabas tan delgada. Comes poco, ¿no?" Vovió con el tema varios días: cuando me vio en bikini, en una cena, y en un supermercado. Supongo que sabe, o intuye, lo que me pasa. Pero fue el único, el resto de mis amigos me desearon en silencio, y alguno se declaró cuando llevaba unas copas demás.
Le conté al primero que había estado todavía más delgada unos meses atrás y me dijo que no adelgazara más, que tal y como estaba ahora era suficiente, delgada, pero no en extremo. "No sé cómo te afecta lo que te digo, si te sienta bien que te diga que estás demasiado delgada o no". Habría sido igual que dijera "si eres anoréxica o no".

En ningún momento me sentí mal por los comentarios que se me hicieron (por ejemplo, a este chico lo quiero un montón), todos orientados al piropo, y la mitad de las veces por educación. Sé que el resto de la gente está condicionado, como nosotros, por ese estereotipo de mujer que, aunque se niegue, se nos mete por los ojos a todos. Por eso no culpo a nadie. Pero, ¿cómo voy a recuperarme escuchando esto? Nunca me habían insistido en algo así, nadie me dijo nunca "eres fea", pero tampoco que, hasta sin conocerme, se diga "qué chica tan guapa".
La verdad, me han subido la autoestima, pero me han quitado las ganas de comer.
Pero bueno, como en los últimos años la madurez se ha ido posando en mi cabeza descerebrada, no haré tonterías, y me mantendré, con mi estricta dieta, en mis 45-47 kilos, ni un gramo menos.

Mañana os veré, hoy es tarde y quiero dormir. Sí, ni rastro del insomnio que me volvía loca hace unos meses. Besos

lunes, 27 de julio de 2009

Envidia (cochina)








Conozco a una chica con la que no me llevo mucho pero con la que tengo amigos en común. De echo, mi novio y ella eran antes muy buenos amigos, y aunque siguen teniendo muy buena relación la distancia acabó por distanciarlos. Esta chica fue anoréxica. Lo había superado. Pero el otro día la vi y sé que recayó. Se notaba que estaba increíblemente delgada debajo de la ropa floja que pone siempre. Con unas ojeras hasta el suelo, y una cara pálida, blanca como la nieve, y muy alargada. No podía dejar de mirarla. ¿Y yo qué sentía? Envidia. Me avergüenzo por ello, pero era envidia. Como sabéis he engordado un poco desde que estoy con mis padres, pero he decidido no preocuparme porque dentro de un mes volveré a comer como y lo que quiera. A veces me dan bajones y me salto alguna comida (sobre todo de noche, diciendo que ceno con amigos) pero estoy sana. Sé que estoy delgada, la 34 sigue sentándome bien, pero pesaré unos 48 kilos. No lo sé con certeza, y no pienso pesarme. Me dicen que estoy 'muy guapa'. Y la realidad es que me gusto. De verdad, últimamente me miro al espejo y me digo: pues sí que estoy guapa. Y sin embargo, como menos es más, sólo quiero, y sé que acabaré haciéndolo, volver a adelgazar, porque no puedo pensar que un día estuve más delgada que actualmente. No quiero estar más delgada de lo que estuve, pero sí igual (me refiero a los 45 de hace unos meses, no a los 40 de hace tres años).

Es como un mejunje de materia gris. Un viaje sin terminar. Desconcierto, desilusión, descrédito. DES. También desnutrición, desesperación, desfallecimiento, destrucción del propio ser. Busquen algo positivo que empiece por des-. Soy des. Como la misma Ana, pero deshecha, dada la vuelta, boca abajo. Mi antónimo.

Aún así, me verano sigue gustándome: lo próximo van a ser cuatro días de camping (mucho alcohol y poca comida).

Un beso e intentad dar cabida en vuestra vida al positivismo...

viernes, 17 de julio de 2009

Self Injury (y anónimos)


Anónimo dijo...
Como podeis decir que sois adictas a la comida
da verguenza ajena leer eso, que os creeis que no sois humanas??
Pûes va a ser que no, es decir que toda la gente que se muere de hambrem, lo hacen porque quieren? porque son adictos? por eso se mueren los niños en paises en vias de desarrollo? por ADICTOS??
Por dios que verguenza ajena, escuchar a niñat@s que no se quieren ni quieren a nadie, afirmando OHHH DIOS soY adicta a la comida¡¡¡
teneis razon teneis que estar muertas porque no sois humanas los humanos ncesitamos alimento
VERGUENZA VERGUENZA Y MAS VERGUENZA
15 julio 2009

Primero, si alguien comenta una entrada, que la lea antes, porque el Señor Anónimo no ha entendido nada de lo que escribí.
Segundo, yo no me meto con nadie, así que si alguien se dirige a mí, que lo haga con respeto.
Tercero, ni yo ni ningún/a anoréxico/a tenemos la culpa de que miles de niños se mueran diariamente por desnutrición en los países del tercer mundo. En ningún momento me comparé con ellos. Lleve sus quejas a los responsables, que todos sabemos quiénes son, y a ver si le escuchan. Si lo hace, procure cuidar su ortografía (entre otras cosas, a ver si descubre dónde están, en su teclado, esos dos puntitos que van encima de la u después de g cuando quiera que esta suene).
Y cuarto, sé que comer es necesario, lo sé, querido amigo no identificado ni identificable, con la palabra adicción refiriéndome a la comida quiero decir obsesión por esta, que te controla, como lo hace una droga.

Después de dedicar estos valiosos minutos a responder a alguien que seguramente no vuelva a pasar por aquí voy a escribir lo que tenía pensado:
Y es que yo nunca he comprendido a las que os cortabais u os cortáis. No podía comprender cómo es que os hacéis más daño todavía. Pero creo que más o menos lo entiendo. Ayer por la noche me dio un ataque de llanto, ansiedad, pánico o cómo sea que se le llame. No podía dejar de llorar, de taparme la cabeza con las manos. Los pensamientos negativos (sin nada que ver con la comida) se agalopaban uno tras otro en mi cabeza sin dejarme razonar. Me la golpeé repetidas veces contra la pared. Fue, realmente, una sensación deliciosa. Es como si con cada golpe esos pensamientos salieran uno tras otro vaciando la mente. Estaba tan mareada que ya no podía pensar. Por supuesto que los pensamientos volvían, y yo seguía llorando, pero entonces era un llanto tenue y apagado. Un llanto triste, pero no histérico. Puede decirse que era tranquilo. Poco a poco todo fue a menos y, sobre las 5, conseguí quedarme dormida.
Ahora me duele la cabeza y tengo tres chichones. No me siento orgullosa, ni mucho menos, de aquello, y espero no volver a hacerlo (ni llegar más lejos, como cortarme). Pero en aquel momento fue como ver la luz. Una solución temporánea. Ahora entiendo el por qué de la auto-mutilación y la auto-lesión. Cómo algo malo, que hace daño físico, puede hacer que te sientas bien... Es extraño.

sábado, 13 de junio de 2009

Tiene que saber que vomitas







Tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo, tienes que decírselo...

Mi compañera de piso "habló conmigo". ¿Desde cuándo, si quieres ayudar a alguien, no dejas que este se exprese? Así es: yo sólo soy una enferma que no acepta su problema. No soporto a la gente que no escucha. No soporto a la gente que cree que todo lo sabe, que entiende de todo.

Tienes que decírselo a tu madre, sino lo haré yo.

Ya sé que sólo quiere ayudarme, pero le dije lo que iba a hacer: Voy a contarle a mi madre que no estoy bien anímicamente, que paso malas rachas sin razón aparente, me deprimo y no soy capaz de estudiar ni de comer, ni tengo ganas de salir de casa. Voy a decirle que quiero ir a un psicólogo para resolver esto antes de que vaya a más. (todo esto entre sus múltiples interrupciones, sí, no sabe escuchar)
- Pero tu madre tiene que saber que vomitas.
¿Pero tú acabas de escucharme? ¡Voy a ir a un psicólogo, va a ayudarme! ¿Por qué tengo que joder a mi madre?
- Porque es tu madre. Tiene que saberlo.

La semana había ido bien, no vomité y comí poco. Me siento radiante. No me he pesado pero sé que adelgacé (vuelve a sentarme bien la talla 34). Y ahora que estoy contenta, que sabe que no voy a vomitar (no voy a hacerlo delante de sus narices) me viene con estas...

No sé qué decirle a mi madre, pero espero que todo vaya bien. Lo importante es que voy a pedir ayuda, haciendo el menos daño posible. Sólo espero que ella no se vaya de la lengua. Porque sólo conseguiría una recaída fuerte.

Muchas gracias por vuestros consejos. Pero no puede hacerse nada con alguien que no sabe admitir que a veces no lleva razón, y que, encima, no te escucha.
BESOS

(las fotos de arriba son de la modelo Amanda Norgaard, mi nuevo descubrimiento)