
















—No tiene fuerza de voluntad para nada —se quejó, justo antes de salir—. Ni para estudiar, ni para adelgazar, ni para alejarse de la comida, ni para dejar de sentirse deprimida.
—Una persona no está enferma por falta de voluntad —contestó el médico, y en los últimos cuatro años aquellas fueron las primeras palabras que realmente me animaban—. Una persona no es alcohólica por falta de voluntad, ni se deprime por falta de voluntad. Cuando alguien está tan deprimido como lo está tu hija, hace falta precisamente mucha falta de voluntad para continuar vivo.
Cuando comer es un infierno. Espido Freire
El otro día, en el tren, se sentó dos asientos más atrás la chica más delgada que vi en mi vida. Era bajísima, como un metro cuarenta, y, como llevaba falda, se le veían unas piernas tan finas como dos cañas, nada más, y sin exagerar. Tendría mi edad, pero el cuerpo de una niña de siete años y la cara de una mujer de 35. Comía. Antes de bajarme donde tenía que hacerlo se levantó y fue al baño. Cuando volvió siguió comiendo. Me quedé observándola y cuando me vio, dejó de comer. Supongo que se sintió incómoda. La verdad es que me dio mucha pena. Estas cosas me hacen pensar en mi futuro, no puedo demorar más mi cura. Engordé un poco, medio kilo más o menos, pero aún no llego a 45.Llevo unas semanas tomando un antidepresivo y estoy notando resultados: me apetece ver a más gente, no sólo a mi novio, salí y me lo pasé bien, como un poquitín más, vuelvo a tener sexo (fui incapaz durante mucho tiempo, me entraban ganas de llorar), no se me hacen los días eternos... Puedo decir, que aún con altibajos, ahora estoy bastante contenta.
Mis mejores deseos para vosotras y un abrazo muy fuerte.














































